Empecé a jugar con tres años en mi pueblo, en Bigues i Riells. Fueron a dar una charla para captar niños para jugar al hockey, ya que era un club pequeño que estaba empezando. En ese momento les dije a mis padres que quería jugar al hockey, me apunté y, a partir de ahí, empezó todo, porque fue amor a primera vista. Coincidió que mi padre también jugaba, pero él nunca imaginó que yo también acabaría jugando al hockey sobre patines. Eso le hizo muy feliz. Y así nació mi pasión por el hockey. Y, a día de hoy, sigo teniendo la misma ilusión que aquel niño.